Es un complemento
de vaivenes; esperas que nacen estrepitosos sin esperar el momento de un
llamado, esperas que definen los espacios donde no te detienes, esperas
repetitivos, rápidos, furtivos, caprichosos, fulminantes, caminantes
suspensores de mis pareceres, pareceres en los que hablo contigo y esperan que
nazcan esos tuyos estrepitosos, pareceres que sin esperanza aguardan esos
momentos en donde no son llamados, pareceres que aprenden de esos esperas que
definen tus espacios, de los que no te detienes, esos esperanzados en impulsar
el suspenso de los mismos, pareceres de pausas sosegadas, de pensamientos
justos, manifiestos, pacientes y únicos.
ESCUCHAR
CONTIGO.
Es entonar
letras sin cuarteles; esas que se van organizando en el caos, esas que caminan
al tiempo sin importar el tiempo, las que se extienden en filas sin contexto,
sin un aparente estado de conciencia, sin el más mínimo reato de un estado
ideal, letras que según sus formas, se arrastran porque tal vez una O, derribo
a una lánguida I mayúscula, que ahora se extiende se retuerce por el suelo, luego
una pequeña í amiga se venga de esa letra agresora, la cual, se despoja de su
tilde, una í que sacrifica su acento, ahora es una simple con un puntico su
frente; la O ya no es la misma, es una o pequeña, desinflada que camina por el
caos de las letras sin orden aparente. También las hay que caminan desdichadas,
esas f F envidiosas de las t T, porque siempre se compraran y dicen que algo
les falta.
Otras que por
llevar la contraria dicen ser del otro bando totalmente opuesto, y se miran con
sospechas S s z Z. También las hay acomedidas que hacen un buen equipo a la
hora de dar órdenes, Y A. Otras que caminan complacidas B b, unas relajadas J
algunas sicorrígidas L, indecibles H, las que se miran a sí mismas G, las de
pasos firmes M y las rebeldes de los pasos firmes N, las que usan accesorios Q
primas de las O, las que todo lo tachan X, las emparejadas tristes U.U y las
orgullosas R.
Cada una de
ellas inconscientes de todo lo que pueden hacer juntas, pero que a pesar de
ello se unen de diferentes formas para decirte lo que siento, ese que tanto nos
gusta escuchar uno en el otro.
LEER CONTIGO.
Es perder el juicio, es locura, es___________________________ _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________.
Y Cuando vuelvo a la realidad después de leer contigo, solo me queda la esencia
de aquello que aprendimos juntos de la
mano; de cómo nuestros sentidos se disparan y dispersan buscando encontrar el
subtexto de las pieles de esos libros más preciados, del cómo se van abriendo,
del cómo se seducen, se acarician buscando una excusa para entrometerse con
manos curiosas, allí se tropiezan las mismas con cerrojos que en ocasiones y
por el furor o la paciencia que induce la lectura, se intentan abrir con osadía
y por lo general con ambas manos; de nuevo aparecen los espera y nacen también
los pareceres, sobre todo en esos momentos íntimos en los cuales se reiteran
los primeros títulos, donde las letras en caos se organizan, donde una
serenidad aparente analiza tanto los contenidos como los conocimientos previos.
Las notas
antiguas dejadas en los abismos se retoman como runas, con cada pasar de las
primeras hojas, las pistas y las señales van dejando al descubierto el lugar
preciso donde se debería retomar la tarea, para esto no hay receta, solo se
camina por los conocimientos que en teoría existen, pero no se compara con la
sensación de trasegar, de diluirse, de volvernos uno en nuestros libros de
reconocer y repasar.
Los sentidos
se agudizan, y aparecen nuevos aromas entre aquellas páginas, nuevos sonidos,
hasta el ambiente se puede saborear, las letras hacen que las páginas cambien
de colores, mientras nuestras manos y nuestros ojos sienten la curiosidad de
seguir buscando, nuestra intención de conocer más y más es casi insaciable, tan
así que recae en la locura que despoja a esos libros de sus pieles, ahora son
contenidos los que se denuncian paginados, con punticos desde esas últimas
letras de los títulos, se denuncia la página respectiva, y renglón a renglón y
con la punta de los dedos, nos vamos adentrando un poco más. No sabemos si lo
que no tiene fin es el libro o nuestras ganas de querer tentarlo, de hacerle
preguntas, de que nos diga cómo llegar a ese fondo por diferentes caminos, si
es necesario seguir sus números, o por el contrario, no importa si comenzamos a
leerlos desde el centro a sus costados, de espiar por sobre las ventanas
celosas que a veces dejan ver un poco de lo que nos espera, o si renunciamos a
deleitarnos con el gusto de ver esos sabores en el aire, y probar esos colores
primarios agresivos en las paredes de los diarios.
Pero tengo que
denunciarme, debo serte sincero, lo que más disfruto es el rose de tu piel con
mi piel cuando juntos leemos esos libros llenos de misterios, ahí es cuando mis
poros se excitan con tu presencia arrolladora, porque no es lo mismo leer solo
cualquier libro, que leer contigo y a mi lado.