domingo, 9 de agosto de 2015

MÉXICO.


Apareces un día de la nada,
como sabiendo que nadie te ha esperado,
pero en el fondo del que escucha tus latidos
se grita como arrancando un dolor muy olvidado.
Así fue cuando llegaste de repente,
en silencio como el que no quiere ser notado.
Aquel que conoce ese ritmo del ensueño,
el que camina mordiendo las huellas de un collado.

Si soy preciso acepto que no lo había soñado,
por lo menos, tal vez no de esta manera.
Pero dicen que así son las cosas de la vida,
A pesar que lamento la prematura despedida.

Pero consciente que cuando el tiempo es corto,
no es suficiente para aprender a amar.
Sin embargo también sé que esas huellas,
caminan para siempre y sin dejar olvidar.
Por eso aparecen siempre,
se reviven inclusive debajo de la selva,
dan mensaje de estar vivos y presentes,
cubiertos por la espesura de la hierba.

Cuando se descubren susurran los secretos,
secretos del pasado que se callan al andar.
Una remembranza que otrora era un camino,
hoy se convierte en el presente y futuro que vendrá.

Magia, futuro incierto,
pero futuro que se está dispuesto a buscar.
Buscando aquel camino repentino,
ese silencioso sabiendo que se irá.

Ese futuro caminará por siempre lento,
Recordándome lo mejor que vi de México,
Fue que lo vi a través de tus ojos.
Ojos verde selva caminantes olvidados,
Huellas del tiempo, huellas verde selva.

Huellas indelebles que gritan: Ya, regresa!