Se preguntaran porque se intitula la primera inmersión. Pues es simple y muy sencillo, resulta que es la primera vez que hago un recuento de mis primeros logros intelectuales que he logrado plasmar, clara y sigilosamente, cada uno de ellos, viviendo furtivos en diarios de las hojas empapeladas y sepulcralmente pálidas, que han sido las únicas claras confidentes de mis desdichas, anhelos, felicidades, vidas y universos paralelos que se imprimen en extensas estepas de emociones. Nietzsche decía, que para lograr el sujeto de conocimiento era necesario sentir por lo que estudia, amarlo, odiarlo vivirlo en realidad; así son estos pequeños trozos de ideas con vida y cada uno con una historia, con un ciclo que para muchos ya se ha cerrado y que para otros como yo, ni siquiera han iniciado a dejar de existir.
Cada una de estas historias, particularmente cortas, son serias visiones de vida, algunas, calcularan ustedes, con un nivel literario menor que otras, pero para mi, con el mismo valor que las demás, ya que han sido producto de la musa inspiradora perpetua de la humanidad, la vida. Abro mi corazón narrándoles mis historias, y recordándoles algunas de ellas que por culpa del libre albedrío de la vida, han desaparecido completamente de este mundo intangible, para hacer parte del mundo tangible de la laboriosa y amnésica memoria. A estos cuentos como el Mes rojo, La historia de cómo murió la muerte, Padecimiento, XXX, entre otros; y a las mujeres que me han sabido robar el corazón, entre ellas mi patria. A los cuentos que yacen en los cubos de memorias de varias emisoras y canales de televisión, a ellas y ellos les dedico esta obra.
jueves, 11 de marzo de 2010
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