lunes, 1 de noviembre de 2010

DIÁLOGO ENTRE DESCONOCIDOS.

En una banqueta de un parque, se encuentra sentado un hombre de complexión estricta, vestido con Frac de pana color naranja, camisa blanca y franela negra que resalta por su piel clara y cabello rojizo; En su cabeza un sombrero boina un poco raída por el sol y la lluvia, parecía que fuera de su abuelo, puesto que no pareciese que tuviera años para haberla usado por primera vez.

Barba de un rostro de pocos amigos de los aparatos usados para rasurar, barba del mismo color de su cabello, ojos pensativos, pero ensimismados sobre el lugar donde siempre se ha sentado todos miércoles en la tarde hace mas de 15 años, el mismo lugar que ve desde la ventana de su casa que queda justo en frente, desde la cual pone sus ojos desde que era más joven.

En la otra esquina del parque, alguien atento y curioso observa a este personaje que, desde hace tanto tiempo se sienta en esa banqueta. Un hombre alto, de rostro y rasgos masculinos, pero era un hombre delicado, tez morena, ojos oscuros, mirada directa, vestía de colores claros, espalda ancha, y siempre llevaba una libreta en la mano que metía y sacaba del bolsillo para anotar cualquier cosa. También llevaba una pipa, pero no porque fumara, sino porque le gustaba morderla a esa hora.

Este día especial, uno que no llovía, el sol era fuerte y te pegaba fuerte en los ojos y se extiende una mano.

A: Disculpe, ¿puedo ayudar a levantarse?

B: Todo depende de quien quiera ayudarme, o ¿usted cree qué le recibo la mano a cualquiera?

A: Mucho Gusto, soy yo y no soy cualquiera, y solo le extiendo la mano.

B: y ¿para qué? ¿Acaso me tiene lástima?

A: ¿pero lástima? Nadie ha hablado de tener lástima, yo solo le extiendo la mano.

B: !!aaa!! y cree que con su juego de palabras me va a convencer, cree que con sus juegos va a cambiar mi rutina, lo he estado observando por el rabillo del ojo desde hace varios minutos, y sé que me observa desde hace unos años.

A: Si sabe que lo observaba por qué dice que darle la mano es miserable. No lo comparto.

B: y se atreve a opinar sobre como yo veo las cosas, bastante entrometido, pero si yo no lo he llamado.

A: Mi intención no era molestarlo, si usted desea atenderme, no es necesario tanta cosa ni rito. Voy por un café y regreso.

El personaje de la pipa, se aleja dando la espalda, mientras se dirige hacia una cafetería ubicada al otro extremo del parque.

TREINTA MINUTOS MÁS TARDE.

A: Le traje un café.

B: Pero si yo no tengo sueño.

A: ¿No tiene sueño? Eso suena interesantes, cuénteme más.

B: ¿Qué de raro tiene no tener sueño?

A: Pues que no concibo al mundo sin sueño.

B: Esa es mi pregunta, entonces ¿usted por qué toma café?

A: Pues para que no me dé sueño.

B: Pues me parece que se contradice, usted toma café pero le gusta el sueño.

A: ¿Me contradigo por una bebida?

B: Si.

A: Interesante Cuénteme más.

B: Ahora este desconocido me pregunta sobre qué le parece interesante cuando le digo que se contradice.

A: Entonces ¿No quiere café?

B: Bueno, pero no crea que me va a comprar con este.

Nuestros personajes se adentran en palabras y silencios durante dos horas continuas de hablar y guardar las mismas, se miraban atentamente de tal suerte que cada cosa que decían tenía relevancia o no.


DOS HORAS MÁS TARDE:

A: Y dejó que su café enfriara y menos me aceptó la pregunta.

B: Cuál pregunta.

A: Pues que no tiene sueño.

B: ¡¡¡A!!! Esa pregunta, pues pierda el cuidado porque esa es la respuesta. Porque no.

A: De cierto no le puedo negar que me parezca interesante conocer a una persona que no tiene sueño.

B: Pues solo me cuestiono a mí mismo y esa es la respuesta, a caso cree que durante toda esta conversación no me he preguntado sobre el ¿por qué?

A: La verdad no creí que eso sucediera. ¿Le gustaría otro café?

B: Esta bien, este se lo acepto pero, pero solo si usted no se ríe de mi. ¿De acuerdo?

A: ¡¡¡Jajajaja!!! -lo siento- (masculló de inmediato) no era mi intención reírme, solo que me causó mucha curiosidad esa consideración.

B: Pierda el cuidado.

A: Esta bien, pero que tiene que decirme, me mata de la curiosidad, ya regreso.

Este personaje se retira inmediatamente, y ahora con prisa, se dirige hacia la cafetería a pedir dos expresos y regresa desde el otro lado del parque. Entre tanto, nuestro actor secundario, se desliza por la banqueta como diciendo con su actitud, que tiene que confesar algo importante.

Cuando ve que viene en camino, se pone nervioso, las manos le sudan un poco, y no sabe como decir lo que sucede.

B: -mmm-

A: Aquí está el café, es expreso no muy cargado, ahora si cuénteme.

B: hemm…

A: Pierda el cuidado, no es algo de lo que deba avergonzarse.

B: (Con un tono de preocupación, que alerta a su interlocutor responde), Es que usted no entiende.

A: Si tiene toda la razón, porque usted no me ha dicho nada, además estoy aquí porque esta historia me interesa.

B: No le va a interesar mucho luego que lo sepa…

A: Pues hay que hacer el intento.

B: Esta bien, lo que pasa es…

En ese momento suena una explosión…

A: ¿¿Qué sucedió??

A: No me diga que usted tiene que ver con la explosión… (Sin haber regresado la mirada, se llena de pánico, y regresa su rostro hacia la dirección de la explosión, a la cafetería de la esquina del parque. Horrorizado, mira a los ojos a su interlocutor)

B: (El no levanta la mirada, su silencio es sepulcral).

EL ESPACIO
CLASIFICADO DE PRENSA.

HOMBRE DE BLANCO DESPIDE A SU AMIGO DE NEGRO.

Luego de una explosión en una cafetería en la esquina del parque Lourdes en la localidad de Chapinero, la cual solía ser frecuentada por miembros de la comunidad Gey, un hombre vestido de blanco denuncia a su amigo como presunto responsable o cómplice de los hechos acaecidos en esta zona de la Capital del País. El denunciado guarda silencio de todas las acusaciones se espera la actuación de la Fiscalía.

Los anteriores sujetos fueron vistos en el parque minutos antes de la explosión y sus nombres son Alejandro Ordóñez y Bernardo Romero Pereiro.

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