Sin repliegues, sin
arrugas, sin manchas, sin pegamento, sin boronas de esas que quedan del
borrador de nata, sin que me importe disimular u ocultar las líneas reteñidas,
o las que por una razón cambiaron un poco su rumbo. Con o sin espacios visibles
entre un color o el otro, o sin que ciertas imperfecciones sobresalgan cuando
se caen los crayones, o cuando se rompe la punta del plumón verde y tengo que
usar ese violeta que no te gusta mezclado con azul claro aguamarina que
detestas. Aún también cuando los extremos de ese papel durex se doblan en las
puntas hacia adentro en el momento que extiendo el brazo y se enreda con el
botón de mi camisa. Tal vez cae una o dos gotas de la bebida negra que no
refresca tu garganta, o por el contrario, es una mancha en la mesa que dejó su
marca en el reverso de la hoja sin que eso dañe mi pintura.
También sin que las
hojas de eucalipto que recogí de camino a casa cuando compré los materiales, y
se me ocurrió reunir del piso en el parque que está cerca, así le agreguen un
poco de tierra negra a ese limpio papel que ahora se llena de colores. O que no
se puedan retirar los pequeños defectos que existen de la fabricación, y que
marcaron de por vida esa esquina superior derecha del papel que precisamente
escogí con mis manos y que mis ojos no se dieron cuenta de ese pequeño detalle,
al final no importa.
Tampoco que haya
olvidado lavarme una mano para iniciar con la obra; te cuento, la que no me
lavé es la mano izquierda, sin que llegues a pensar que mi dibujo es neoliberal
conservador o capitalista, tu sabes que los únicos colores que me gustan son
tres, y estos no tienen nada que ver con posturas políticas, como si ellas me
hubieran enseñado a pintar lo que siento.
Pensé mucho si le
ponía un poco de rubor de ese que tiene mi madre en el bolso, igual ya lo había
sacado furtivo porque no tenía dinero para comprar pasteles –algo de rosado por
aquí y otro por allá–, así le pintaba un poco de pena, mi dibujo debía tener de
todo y no podría faltarle nada. Por eso también le pedí prestada la pestañina,
además la usé para estrenarla porque mi madre tiene todo eso pudriéndose entre
el bolso, nuca la usa porque no la necesita, igual que tu, no necesitan nada
para verse más bellas. Te confieso que tuve la magnífica idea de sacar unas
cuantas letras de los papeles de mi padre, como él no tiene colores y menos usa
maquillaje, robé unas cuantas letras de la cantidad de papeles que tiene
guardados en la biblioteca, que a decir verdad no son tantos como los que yo
también guardo, pero me pareció mejor re cortarlas pequeñitas, tamaño Arial 12,
una de cada hoja para que no se diera cuenta, solo busque 5, las que
corresponden a sus números en el lugar del alfabeto de la siguiente manera: La
número 21, la 5, la 1 la 13 y por último una regordeta, con el número 16 en su
panza.
Cuando por fin lo
terminé, recordé la razón por la cual había iniciado todo este camino, y es que
Sin repliegues, sin arrugas, sin manchas, sin pegamento, sin boronas de esas
que quedan del borrador de nata…… sin que me importe inclusive si al final no
dibuje nada, lo importante es decirte que Te Quiero.

Sin palabras, muy bello...
ResponderEliminarGracias!!! :D
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