jueves, 29 de mayo de 2014

BREVE FUTURO DE UN RECUERDO EN EL PARQUE.

Era el otro extremo, era como si en efecto mirara hacia atrás. Al lado izquierdo un camino de arena, que conduce a una especie de final inconcluso, más allá continúa ese camino después del camino, como si la arquitectura supiera el futuro y lo oculta.

Al lado de ese pasaje de arena, una silla igual a la que estoy sentado, una mesa de metal con un tablero gris y negro. De cerca no combina con el parque, pero si lo vemos de lejos no importa; allí hablaban divertidas tres mujeres, al frente un perro acechaba un insecto entre los arbustos, mientras su amo distraído, habla copiosamente con una mujer desesperada.

Vuelvo a mirar desde el otro extremo, y corroboro el parque ya no era igual. Habían más plantas, pasto verde oliva, flores todas diferentes; las clasifique por colores y conté más o menos 12 distintos.

-       Señor, Buenas tardes, no he podido reunir. Mis hijos no han almorzado.

Mi ensimismamiento desconcertado se llena de atención, veo en esa mirada un espejo, uno que me permite ver ese mismo pasado cuando veía a mi lado derecho del parque. Fue como recordar un Deja vu, fue ver mi expresión de desaprobación respondiendo a la tuya de bondad, una bondad ingenua, pero bondad al fin de cuentas.

Cuando regresé mi rostro, me percaté de la basura que reposaba en el suelo, sólo fue un gesto de nostalgia querer mirarte reprochando esa irresponsabilidad. ¿Querías cuidar la naturaleza tirando basura a la piso? Una contradicción que nunca me gustó, pero siempre lo olvidé para reprocharte una y otra vez.

Lo recorrí con la mirada y en mi pensamiento, de construí lo nuevo hasta dejarlo tal cual como en el momento que todo inició. Me volví a ver contigo bajo ese árbol, con la misma hoja recién impresa. Agucé la mirada y solo reconocí algunas letras.

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar (…) Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope (…) y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”

Debería saberlo de memoria, pero de todas formas, estaba allí, caminé alrededor del árbol y vi que el parque en ese entonces no era el mismo, y desde ese entonces me vi sentado en esa silla gris y negra como si existiese una línea que se iniciara a trazar en el futuro hasta le pasado, una que hacía verme a mí mismo sentado, mirándome a los ojos y luego mirándome caminar alrededor nuestro, y ese mismo yo miraba conmigo al tiempo cuando todo inició.

Así, otro Deja vu irrumpe en mi cabeza y me regresa al otro extremo como si en realidad mirara hacia atrás. Aprendí entonces que ni tú, ni yo, ni el parque ya no somos iguales, pero eso no significa que ni el parque, ni yo ni tú, dejáramos de ser los mismos.

El texto entre Comillas pertenece a Julio Cortazar.

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